Era un día hermoso donde los rayos del sol reposaban en mi cara triste y desolada, aquella lapida me hacia sentir así.
Los campos de flores hermosas y los viñedos enamoraban a cualquier persona que su vista pusiera en ellas, pero aunque yo las viera no cambiaba mi sentir, aquella lapida aun seguía en mi mente. Recorrí el camino hacia la lapida y mientras lo hacia me encontré con un amigo —!que día tan hermoso el de hoy¡— dice mi amigo con una gran sonrisa en su rostro
— si tienes razón— respondí con alegría en mi rostro, pero tristeza en mi corazón.
— si tienes razón— respondí con alegría en mi rostro, pero tristeza en mi corazón.
Seguí caminando hacia lapida entre muchas más de ellas que al verlas me entristecían más y más, mientras caminaba pensaba en que escribir para mi siguiente poema ya que me gusta escribirlos y me di cuenta que mi tristeza podía ayudarme a hacer algo, seria triste pero tendría algo.
Al llegar a la lapida me senté a un lado de ella —El cielo entristecido lanza gotas de dolor, acabando la esperanza que en mi alma reposo— dije ese verso que en ese mismo instante llego a mi mente, cayendo lágrimas de mis ojos triste, recordando momentos que al ver la lapida llegaban a mi mente —hasta pronto TE QUIERO— dije aun llorando. Aquella lapida que me hacia sentir así es la de una gran amiga...
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